viernes, 12 de febrero de 2021

Orwell y el Imperio de Maastricht

Con este titulo, empieza el libro del filósofo francés Michel Onfray: Teoría de la Dictadura. El propósito de Onfray es comparar la teoría orwelliana sobre la dictadura con el Tratado de la Unión Europea. En 1992, se firmó en Maastrich perteneciente a los Países Bajos, el acuerdo que uniría a los países europeos bajo tres pilares: las Comunidades Europeas y dos ámbitos de cooperación adicionales, es decir, Política Exterior y Seguridad Común. Para Onfray, dicho tratado sólo sustento que lo vendría a hacer una dictadura que ha tenido como base el idealismo y es estructuralismo francés. 

Lo que a continuación presento es el primer capítulo del libro, disfruten.

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Orwell y el Imperio de Maastricht

 

Considero que el pensamiento político de George Orwell es uno de los más grandes. Está a la par de El Príncipe de Maquiavelo o el Discurso de la servidumbre voluntaria de La Boétie, el Leviatán de Hobbes o el Contrato Social de Rousseau. Orwell ayuda a pensar la política desde un punto de vista socialista y libertario. Pero como eligió la novela y la fábula para concretar sus ideas, los pensadores institucionales no lo toman en cuenta. La literatura lo deja en manos de los filósofos, los pensadores en manos de los literatos, así que a nadie le importa realmente. Mientras tanto, su obra se lee bajo el manto de los países privados de libertades.

Aparte de Camus, hay pocos pensadores cuyo socialismo libertario es francamente diferente del socialismo autoritario. Bakunin y Kropotkin, siendo buenos hegelianos de izquierda, efectivamente le están coqueteando a Marx, con referencia al poder los medios difieren, pero no en sus extremos. Para ellos, la realidad es más una idea. Se necesita un Proudhon para pensar en la izquierda sin caer en las garras marxistas. 1984 y La Granja también ayudan con esa función.

Leí esos dos últimos libros hace mucho tiempo. Rusia todavía era soviética; mi padre, que había experimentado la ocupación nazi en su pueblo natal, del que me había hablado durante mi infancia, todavía estaba vivo. Estos dos libros se referían a hitos distintos de la misma época: el totalitarismo nacionalsocialista y el totalitarismo marxista-leninista. Estos dos monstruos están muertos. Los libros de Orwell parecían haber perdido su actualidad. Pero desde hace tiempo ya habían hablado.

De la misma manera que La Peste, al que Barthes consideraba que llevaba el peso de la mula bolchevique, pero no el suficiente del burro nazi, podía parecer un libro antifascista porque se refería a los totalitarismos del momento, la obra política de Orwell podía hacer creer que caía al mismo tiempo que el Muro de Berlín.

Al final de La Peste Camus deja saber que ésta nunca desaparece realmente, que duerme con un solo ojo, que tarda poco en volver a estar activo y que las primeras ratas muertas aparecen de nuevo, señalando el retorno de la epidemia. La Peste fue un libro para explicar también el ayer, y esta es la genialidad de su autor, que ayuda a descifrar el hoy, el mañana, o incluso el pasado mañana. Orwell es uno de estos autores: piensa en un ayer que puede ser mañana y a veces resulta ser el hoy. Digámoslo de otra manera: es universal, porque propone una teoría de la dictadura.

Etimológicamente la teoría es una contemplación, una observación, un examen. En cuanto a la dictadura, debe ser repensada a un nuevo costo. Porque tuvo su época genealógica, la de Roma, en la que era una magistratura excepcional por la que se confiaba la autoridad a través de un cónsul mandado por el Senado a un hombre en un plazo determinado, nunca superior a seis meses, siempre que se encontrara en condiciones excepcionales y que se utilizaran todos los medios que se le ofrecieran para resolver el problema que le había llevado a investirse de esta autoridad suprema. Fue así como Sila recibió el mandato de restaurar la república.

Pero fueron sobre todo las dictaduras del siglo XX las que contribuyeron a una nueva tipología, aunque Genghis Khan en China en los siglos XII y XIII, Tamerlán en Uzbekistán y Kazajstán en los siglos XIV y XV, o Cromwell en Inglaterra en el siglo XVII, atestiguan que la dictadura es de todos los tiempos y en todos los continentes.

El siglo nuclear fue, en efecto, el siglo de las dictaduras, primero en su forma marxista-leninista, luego, en su forma nacional-socialista, reactiva pero al fin y al cabo su gemela. Prueba de esta hermanad es el pacto germano-soviético que celebró las bodas de estos dos monstruos totalitarios entre el 23 de agosto de 1939 y el 22 de junio de 1941. Debemos a Hannah Arendt un fino análisis de este fenómeno con Los Orígenes del Totalitarismo, una obra dura escrita en tres volúmenes publicada entre 1951 y 1983 - un análisis en el que el nombre de Orwell nunca aparece, ni en la obra ni en la correspondencia.

Me parece que nuestros tiempos post-totalitarios están alejados de algún nuevo tipo de totalitarismo. Al contrario. Esta forma política se mantiene a través de los siglos. Es dialéctica, plástica y toma diferentes formas con el tiempo.

La Alemania nazi murió en 1945, la Rusia soviética dio su último aliento en 1991, y las llamadas democracias populares del bloque oriental desaparecieron en el proceso. En lo que respecta a Europa, los dos totalitarismos que Orwell tenía en mente ya no existen. Sin embargo, Orwell imaginó más allá del tiempo histórico una forma pura de totalitarismo. 1984 y Rebelión en la Granja ofrecen dos oportunidades para hacerlo.

Resumo las tesis constitutivas de esta teoría de la dictadura. ¿Cómo podemos, hoy en día, establecer un nuevo tipo de dictadura?

He identificado siete características principales: destruir la libertad; empobrecer el lenguaje; abolir la verdad; suprimir la historia; negar la naturaleza; propagar el odio; aspirar al imperio. Cada una de estas características contiene momentos particulares.

Para destruir la libertad debemos: proporcionar vigilancia perpetua; arruinar la vida personal; suprimir la soledad; alegrarnos de las celebraciones obligatorias; estandarizar la opinión; denunciar el crimen a través del pensamiento.

Para empobrecer el lenguaje es necesario: practicar un nuevo idioma; utilizar un doble lenguaje; destruir palabras; oralizar el lenguaje; hablar un solo idioma; suprimir los clásicos.

Para abolir la verdad hay que: enseñar la ideología; instrumentalizar la prensa; propagar las noticias falsas; producir lo real.

Para abolir la historia, debemos: borrar el pasado; reescribir la historia; inventar la memoria; destruir los libros; industrializar la literatura.

Para negar la naturaleza, debemos: destruir el impulso de la vida; organizar la frustración sexual; higienizar la vida; procrear médicamente.

Para propagar el odio es necesario: crear un enemigo, fomentar las guerras, psiquiatrizar el pensamiento crítico, acabar con el último hombre.

Para aspirar a un imperio, es necesario: entrenar a los niños; administrar la oposición; gobernar con las élites; esclavizar a través del progreso; ocultar el poder.

¿Quién dirá que no estamos allí?

Y, si es así: ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Con quién? ¿Dónde?

*

El Occidente capitalista decide después de la guerra un programa imperialista que se impondrá en el continente europeo. La existencia del bloque soviético lo obliga a estructurarlo. La Guerra Fría es, por un tiempo, la forma que tomó esta lucha. Hasta la caída del marxismo-leninismo europeo, el 26 de diciembre de 1991, el Occidente capitalista se contuvo porque sabía que era posible una respuesta comunista. Ambos bloques se amenazan y acumulan armas nucleares mutuamente.

Lo que el General de Gaulle no permitió en 1945, es decir, el Gobierno Militar Aliado de los Territorios Ocupados (AMGOT) al que aspiraban los Estados Unidos, lo permitió la Europa de Jean Monnet.

En primer lugar, hay que señalar que el nombre en clave de los desembarcos aliados del 6 de junio de 1944 es Overlord (señor) y que la traducción francesa de esta palabra es..."suzerain" ¿Qué es un "suzerain"? La etimología testifica: la palabra implica una relación feudal de sumisión entre el señor que manda y su vasallo. El AMGOT designa, por supuesto, un país suzerain - los Estados Unidos - y un vasallo - Francia.

¿Qué era el programa AMGOT? Administrar el país mediante la reconversión de los prefectos vichyistes (partisanos del régimen de Vichy), porque eran anticomunistas, y por lo tanto confiables, para transformar a Francia en una provincia gobernada por los americanos. Los oficiales americanos e ingleses fueron entrenados en universidades para este propósito. La moneda fue echada al aire. De Gaulle dejo saber que no se trata de que los Estados Unidos administren Francia. Ganó su batalla el 23 de octubre de 1944, cuando el Gobierno Provisional de la República Francesa (GPRF) fue reconocido de jure por los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética. Aquí también Francia ganó una batalla, pero no ganó la guerra.

Para gobernar Francia, de Gaulle creó un mito: el de la Francia de la Resistencia, colaboradora en los márgenes. Esta fábula es el precio que hay que pagar para no tener que buscar piojos en las cabezas de los victimarios o de los colaboradores, como los comunistas durante los dos primeros años de la guerra, el tiempo que duró el pacto germano-soviético.

Una limpieza radical de los que estaban al lado de Vichy habría reducido a nada el stock de magistrados, abogados, periodistas, intelectuales, artistas, actores, industriales, académicos, escritores, editores, obispos, banqueros, abogados, militares...

Mientras de Gaulle permaneció en el poder, es decir hasta 1969, un poder galo comunista se repartió el pastel francés. A la izquierda comunista, la cultura; a la derecha gaullista, la economía y el regimiento. Fue el momento en que el PCF logró hacer olvidar sus dos años de gobierno colaboracionista creando su mitología del Partido de la Resistencia, el Partido de los Setenta y Cinco Mil Disparos y el Partido de los Héroes supuestamente antinazis del tipo Guy Môquet*.

Gracias a esta fábula, la izquierda comunista adquirió el monopolio cultural de la posguerra**. El mundo de la cultura tenía a Malraux en el ministerio de la rue de Valois; la presidencia de la República tenía a de Gaulle para asuntos serios. El PCF estaba en contra de la independencia argelina en la época de Sétif y Guelma en 1945, lo seguirá estando al votar por los poderes especiales en 1956, lo seguirá estando al oponerse al Manifiesto del 121 que llamaba a la insubordinación en septiembre de 1960; sólo se convertirá en partidario del FLN después de los acuerdos de Evian en 1962... ¡El mismo PCF estuvo en contra del aborto y de la contracepción porque no quería que las mujeres comunistas llevaran la misma vida de libertinaje que las mujeres burguesas! También está en contra del mayo del 68, que se refiere a los hijos e hijas de la burguesía cuando no se trataba de un desorden producido por un judío alemán... El tándem galo comunista defendió una nación francesa soberana. La idea de una Europa postnacional era impensable. El soberanismo no era un insulto entonces, sino el mínimo requerido para cualquier posible acción política. Mientras el General de Gaulle estuvo en el negocio, el plan americano de hacer de Europa una provincia americana no estaba en la agenda. Sino fue después de su desaparición del poder en 1969.

El mayo del 68 marcó el fin de la dominación galo-comunista que fue reemplazada por el tándem liberal-libertario. La filosofía de antes de mayo era globalmente marxista; la de después será estructuralista, luego deconstruccionista. Reemplaza la fórmula marxista prosoviética por una fórmula neoliberal atlantista. Si se quiere representar con una imagen: el Sartre normalista de la Crítica de la Razón Dialéctica (1962) que dejó de Gaulle dio paso a La Barbarie con rostro humano de Bernard-Henri Lévy (1977) que tanto encantó a Valéry Giscard d'Estaing…

El estructuralismo es uno de los avatares del platonismo para el cual la idea es más verdadera que la realidad. Es un borrón y cuenta nueva en lingüística y lenguaje con Barthes, en la antropología con Lévi-Strauss, en la psicología con Lacan, en la historia con Althusser, en la verdad con Derrida, en la sexualidad con Foucault, en la racionalidad con Deleuze.

El materialismo dialéctico se evapora a favor de un nihilismo deconstruccionista: el lenguaje es fascista; la civilización judeocristiana es relegada; el sujeto consciente desaparece bajo una inconsciencia literaria; las masas y el proletariado ya no hacen historia; a cada uno su verdad se convierte en la verdad; el margen sexual es la norma; el esquizofrénico proporciona el prototipo de la razón pura.

Estas son las normas del izquierdismo cultural en el que vivimos después de mayo del 68. ¿Cuál es su catecismo? Es necesario destruir el lenguaje falaz de los estereotipos de clase y de género; es necesario acelerar el proceso del colapso de la civilización judeocristiana y celebrar todo lo que trabaja para su pérdida; es necesario negar la naturaleza humana, la biología, la anatomía, la fisiología en nombre de un cuerpo conceptual decretado más verdadero que el cuerpo real; es necesario abolir la libertad, la elección, la responsabilidad individual en nombre de los determinismos sociales y sociológicos; es necesario dar a las minorías raciales, sexuales, culturales, religiosas el papel de autores de vanguardia de la Historia; es necesario acabar con la única verdad en beneficio de un perspectivismo en el que todo vale todo; es necesario pulverizar la figura patriarcal de la pareja monógama en beneficio de la mecánica glacial de los arreglos egoístas; es necesario cuestionar la razón razonable y razonadora y validar el discurso del método del loco.

La ideología estructuralista es una fuente de placer para los Estados Unidos. De hecho, es en los Estados Unidos donde este pensamiento se convierte en... ¡Teoría Francesa! El Tío Sam se alegró de este 1968 porque era crítico con el bloque soviético - que, por otra parte, desapareció en 1991... Aureolado por su prestigio obtenido en dos o tres campus del otro lado del Atlántico, volvió a Francia como ganador de una guerra de picnic. Independientemente de los juegos verbales de la teoría francesa, que se aleja del marxismo cultural, del comunismo político, de la revolución proletaria, de la amenaza soviética: es todo lo que le pedimos.

Es, además, todo lo que Giscard d'Estaing pide cuando hábilmente deja saber que los nuevos filósofos le interesan mucho. Después de una famosa actuación televisiva, un número de Apóstrofes con BHL, Glucskmann, Maurice Clavel y los autores contra la nueva filosofía, Aubral y Delcourt, pero también una increíble cobertura mediática, el presidente, que ahora es el presidente de la República Francesa invitó a BHL, Glucskmann y Clavel a un almuerzo en el Elíseo en septiembre de 1978. Por supuesto, estuvieron allí.

Giscard tiene ahora sus pensadores, el Giscardismo tiene sus ideólogos. Salvo un paréntesis entre 1981 y 1983, el giscardismo estuvo en el poder desde 1974 - nos acercamos al medio siglo... Triunfa hoy con los defensores del Estado Maastrichiano, que, no es de extrañar, lo son para muchos antiguos izquierdistas de mayo del 68: Daniel Cohn-Bendit, Alain Geismar, Serge July, Henri Weber, Romain Goupil, Lionel Jospin, Pierre Moscovici. El odio al gaullismo los une: es su única lealtad.

Esta ideología es, por lo tanto, una fuerza cuya forma es el estado de Maastricht. Europa es una vieja idea. El cristianismo lo quiso, la Revolución Francesa lo quiso, el Imperio Napoleónico lo quiso, el Marxismo-Leninismo lo quiso, el Nacional Socialismo lo quiso, cada vez con guerras que han derramado mucha sangre.

América también lo quería, anhelaba que fuera americano, por supuesto. El desembarco en Normandía, junto con el proyecto político del AMGOT, fue un caballo de Troya buscado por el General Giraud y por... Jean Monnet***. Mientras el General de Gaulle estuvo en el poder, se llego a pensar que Europa estaría formada por naciones soberanas.

Giscard d'Estaing siempre fue anti-Gaullista, por lo tanto, anti soberano. A él debemos, mientras fue Ministro de Hacienda del General, la certidumbre de que no votaría por el "Sí" en el referéndum de 1969 al que de Gaulle había hecho un plebiscito. Con la izquierda votando en contra, esta parte liberal, europeísta y atlantista de la derecha votando en contra, se escribió, incluso antes de que se conocieran los resultados, que el General de Gaulle dejaría el poder.

Al convertirse en presidente de la República, Giscard pronunció un discurso en inglés a sabiendas que la prensa extranjera estaría esa misma noche. Al estilo americano, así como Kennedy, que profanó la oficina, Giscard se mostró sin camisa en una piscina, jugando al fútbol, esquiando, con su esposa frente al fuego de una fogata para mandar sus saludos de Año Nuevo. Lo vemos tocando el acordeón con Danièle Gilbert, invitando condescendientemente a los basureros a su desayuno, invitándose a sí mismo a las casas de los franceses promedio para compartir su cena - todo frente a las cámaras.

Pero fue sobre todo su política la que marcó el comienzo del estado de Maastricht. Sentaba las bases de una Europa liberal que sería la que François Mitterrand, deseoso de pasar la píldora de su traición al socialismo con una ideología sustitutiva, reclamó con el Tratado de Maastricht en 1992.

Desde 1974, sin ninguna interrupción, salvo, repito, durante los pocos meses en que Mitterrand gobernó por la izquierda (entre su llegada al Palacio del Elíseo el 8 de mayo de 1981 y el 21 de marzo de 1983, fecha del llamado punto de inflexión), el Giscardismo ha ido haciendo ley con, en la vanguardia política, los antiguos izquierdistas convertidos a esta nueva religión de Estado que ayer se llamaban socialistas y que hoy se declaran progresistas para convencerse de que no han traicionado sus ideales y que siguen siendo fieles. Ahora, a la manera de Don Juan, intercambiando morenas y rubias no sin antes probar con una pelirroja, y regresando a las morenas, si han sido fieles, pero sólo a sí mismos.

En casi un cuarto de siglo, este estado de Maastricht se ha vuelto tan tóxico como los regímenes que alguna vez fueron apoyados por estos antiguos sesenta y ocho - en esto se han mantenido fieles: aman las formas políticas que mantienen a la gente con una correa.

Este tipo de hacer política se ha vendido usando métodos publicitarios, como si se tratara de propaganda. Todo el tiempo, los medios de comunicación públicos complementan a los medios de comunicación privados, Europa en Maastricht se presentó como la única forma posible de ser Europa; rechazar a la Europa liberal, porque era liberal y no porque era Europa, era rechazar Europa, todas las formas posibles, cualquier idea de Europa. Al mismo tiempo, era querer el nacionalismo del que nos habló François Mitterrand en el Bundestag alemán sin probar nunca que era la guerra. Sin embargo, hubiéramos apreciado, viniendo de este hombre que una vez fue un compañero de viaje en el Hood, condecorado con las mismas manos del Mariscal Pétain, y que castigó al lobby judío en presencia de Jean d'Ormesson durante su último almuerzo oficial en el Palacio del Elíseo, ¡qué razones y argumentos le permitieron afirmar que las naciones son el nacionalismo y el nacionalismo es la guerra! Porque la Primera Guerra Mundial no fue una guerra entre naciones, sino un conflicto mundial entre imperios, que no es lo mismo. Y los imperios son la guerra, ciertamente, mucho más seguramente que las naciones.

El contenido de la propaganda no se limitaba a presentar a Francia como una nación que tenía que morir antes de renacer en... ¡un nuevo estado dominado por Alemania! La intoxicación también consistió en hacer saber que la Europa de Maastricht significaría el fin del desempleo, el empleo seguro, la amistad entre los pueblos, la desaparición de las guerras, la prosperidad general, la armonización social desde arriba.

Un cuarto de siglo después, lo prometido no llegó e incluso se hizo lo contrario: empobrecimiento galopante, proliferación del racismo y el antisemitismo, participación en las guerras atlánticas en el resto del planeta, destrucción del equilibrio en el Cercano y Medio Oriente, colapso de los sistemas de protección social y del servicio público. Nunca una promesa ha sido tan traicionada.

El voto del "Sí" en Maastricht en 1992 fue muy reñido. Y sabemos hoy que el gran debate que enfrentó a Mitterrand el 3 de septiembre de 1992, el poseedor del "Sí", con Philippe Séguin, el defensor del "No", permitió al hombre que a veces fue apodado "el Florentino" demostrar que tenía a su Príncipe a su alcance. Estaba el escenario del gran anfiteatro de la Sorbona que se transmitía por televisión; y también estaba el backstage de este mismo gran teatro. El gran debate no se desarrollaba delante del público, frente a las cámaras, sino en el laberinto de este edificio donde François Mitterrand, debilitado por el cáncer, se había trasladado con su equipo médico que, refugiándose en un camerino, puerta oportunamente abierta, estaba ocupado a su alrededor en el momento del intermedio. No creeré que lo que se vio no se mostró: la Presidencia de la República tenía todos los medios a su disposición para hacer invisible lo que a sabiendas fue utilizado por el enfermo Jefe de Estado con fines políticos. Esta escena dantesca fue vista por Philippe Séguin quien, unos minutos más tarde, como Mitterrand tardaba en volver al escenario, volvió al ruedo aturdido por lo que había visto y, como resultado, aguantó sus golpes. Luego dejó que se supiera. Guillaume Durand, que moderó el debate, diría más tarde: Mitterrand "jugó parte de su vida política en esta aventura****".

La noche del referéndum, el 20 de septiembre de 1992, François Mitterrand, que era juez y parte de esta consulta en la que jugaba a lo grande, anunció el resultado después de que los institutos electorales hubieran guardado silencio, ¡después de las 8:00 pm! Desde el Palacio del Elíseo, el presidente de la República tomó la palabra y anunció un resultado: su voz permitió que el "Sí" se convirtiera en una adhesión soberana a la Historia... ¿Quién tenía los medios para hacer el recuento final, si no él, cuya vida atestigua que no tenía otra pasión fiel que la suya propia?

Concebida por liberales atlánticos, vendida por comunicadores alimentados con la botella ética de Séguela, subcontratada por periodistas e intelectuales del sistema en los medios de comunicación ad hoc, ya sean estatales o financiados por el Estado, atacada en un debate en el Horaces et des Curiaces por un opositor que se contuvo, defendido por un presidente de la República al que la moral nunca ha sofocado, la Europa de Maastricht fue llevada a una pila bautismal llena de agua sucia.

Durante más de dos décadas, esta Europa tuvo todos los poderes y todos los medios del sistema. Durante estos casi veinticinco años, la criminalización de todo pensamiento crítico ha continuado sin disminuir: Cualquiera que no suscribiera este proyecto de abolición de la soberanía de la nación en favor de un ideal que resultó ser una estafa a lo largo del tiempo era sociológicamente un paria, un anciano, un campesino, un estudiante universitario, un pobre, un analfabeto, y políticamente un nacionalista, un belicista, un racista, un xenófobo, y más tarde un homófobo, un populista, pero siempre un vichista, un petainista, un nazi.

El rey de los panfletos de esta camarilla fue sin duda BHL, que no escatimó esfuerzos, tiempo, energía y dinero. El triunfo del estado de Maastricht es el triunfo de los nuevos filósofos de la línea política liberal opuesta a una izquierda digna de ese nombre y del estructuralismo de la línea nihilista. Esta línea liberal-nihilista, más que liberal-libertaria, es sin duda la derrota de Sartre.

A pesar de este golpe ideológico en las escuelas, periódicos, medios de comunicación, publicaciones y vida política, La Maastricht europea ya no es un sueño hecho realidad. Y con razón: no se puede engañar a un pueblo por mucho tiempo, ya que terminan viendo la realidad en lugar de lo que se intenta hacerles creer. Ofrecieron el paraíso en 1992, por más de dos décadas, pero, como pueden ver, es un infierno.

La primera vez que se nos permitió dar nuestra opinión fue con un referéndum sobre el Tratado Constitucional Europeo el 29 de mayo de 2005 sobre la propuesta de Jacques Chirac. Conocemos la historia: el pueblo se expresó de forma soberana y el 54,68% del pueblo dijo que rechazaba este tratado.

Sin embargo, Chirac dejó el poder y Sarkozy lo reemplazó: hizo que la Asamblea Nacional y el Senado votaran -en contra del voto del pueblo- el Tratado de Lisboa que, según Giscard d'Estaing, es el mismo tratado que fue rechazado en 2005 con algunas modificaciones para dar el cambio*****, en particular el desplazamiento de los párrafos... Los Sarkozysts y el Partido Socialista, dirigido entonces por un tal François Hollande, votó en contra del pueblo. Esto fue un golpe de estado de los representantes elegidos contra el pueblo.

Decididamente, la Europa de Maastricht no se retrae de ningún medio para ser y durar: propaganda, mentiras, adoctrinamiento, calumnia, difamación, intoxicación, traición, más traición, falsificación, y luego, por último, no renuncia a los vicios antes mencionados, represión policial sin límites e invención de una presunción de culpabilidad para algunos manifestantes.

Porque no hay duda de que el movimiento de los chalecos amarillos, en su origen y en la mayor parte de sus reivindicaciones, que son conocidas y claramente identificables, manifiesta el retorno de la represión de Maastricht.

En este momento, hay un estado Maastrichtiano: tiene su bandera, su lema, su himno, su Constitución, sus representantes electos, su Parlamento, sus órganos de gobierno, su ley, sus leyes, su ideología liberal-nihilista. Este estado, que pretende prosperar, quiere empeorar y planea expandirse.

Los chalecos amarillos están hartos de este estado que les está haciendo pasar un mal rato. Pueden ver que Moloch es fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Están en las calles para expresar primero su sufrimiento y luego, ante la respuesta policial que el poder maastrichiano les ha dado durante meses, su ira, una ira que amenaza con hacer más daño del que ese poder parece imaginar.

El análisis de Orwell sobre la dictadura es útil para entender nuestro presente. Por lo tanto, también es útil para preparar nuestro futuro. Nos permite recordar que La Boétie señaló el único camino posible para aquellos que quieren acabar con una dictadura: "Resuelve no servir más, y serás libre".»


lunes, 8 de febrero de 2021

Las Fuentes Místicas del Pensamiento Existencialista II


 

La Experiencia: Buber, Otto y Heidegger

Siguiendo la línea sucesoria de pensadores existencialistas, como vimos en la entrada anterior, Kierkegaard puede ser considerado el padre del existencialismo. Pero el existencialismo de Kierkegaard tiene sus raíces principalmente en su maestros y mentores, quien a su vez, bebieron de la fuente mística Eckhartiana, donde el amor y la aniquilación fueron la base principal. Al existencialismo de Kierkegaard lo podríamos llamar también la primera ola existencialista. 

Debemos considerar que el existencialismo de la primera ola, así como su heredero, el existencialismo de principios del siglo XX, fueron una crítica a la crisis planteada por la modernidad. En este sentido, Martin Buber desarrollará una filosofía del éxtasis o la experiencia. Para Buber, "las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones". Por esa razón, concluye Buber: "estás palabras primordiales son pronunciadas desde el Ser...y dan lugar a la existencia". La filosofía de Buber conserva rasgos místicos a pesar de que él mismo renegara posteriormente del misticismo. 

Un contemporáneo de Buber, Rudolf Otto, toma otro camino con respecto a las fuentes del misticismo. Otto se replantea la idea de lo Santo. Lo que intentará nuestro filosofo es alejarse del Absolutamente Otro desde la metafísica tradicional. Otto explora la posibilidades de las relaciones en la experiencia religiosa, es decir, el miedo y el temblor como factores de supervivencia en las experiencias místicas orientales y occidentales. 

Por último, Heidegger toma de la experiencia de Otto la información necesaria para adentrarse en el misticismo medieval. Sus estudios se basan principalmente en Otto, Schleiermacher y Eckhart. Más tarde, Heidegger volvería al misticismo Eckhartiano al indagar sobre el concepto "Gelassenheit  o ecuanimidad" como una orientación existencial básica.

Francia y el Misticismo en la Filosofía a Principios del Siglo XX

Este titulo corresponde al capitulo 3 del libro que estamos resumiendo. Para algunos académicos, el misticismo fue un anatema para la filosofía. La filosofía occidental, basándose un su logos ha desechado a los pensadores místicos. Sin embargo, las cuestiones ontológicas como el ser y la nada le han dado el derecho propio a los místicos de ser estudiados por los filósofos. Sobre todo, son las universidades seculares las que retomaron el interés por el pensamiento místico. Los padres de este renovado interés de la "psicología de la religión" son William James por una parte y Dostoievski y Tolstoi, en lo que se refiere al misticismo en la literatura. 

Posteriormente, serán Maurice Blondel, Léon Brunschvicg, Henri Delacroix, Jean Baruzi y Henri Bergson los principales divulgadores de la naturaleza y el valor del misticismo. Fue bajo la guía y supervisión de estos filósofos que personajes de la Francia del siglo pasado como Beauvoir, Sartre y Weil, hicieran su aparición para darle un aire renovado al viejo misticismo de los monjes, que en algún momento de su vida sucumbieran a las preguntas éticas que preocupan al ser humano como la justicia, el amor y la aniquilación.




jueves, 4 de febrero de 2021

Las fuentes místicas del pensamiento existencialista I



 Introducción y Capítulo 1

Con mucha frecuencia, el ateo promedio haciendo uso de la razón, niega cualquier posibilidad de acercarse con fe,  o a la fe, de cualquier credo o experiencia religiosa, bien sea espiritual o material. Si, leíste bien, dije material. El ateo tiene varias posibilidades de vivir su existencia, puede ser un cientificista al que le interesa la observación de los fenómenos naturales, puede ser un materialista dialéctico quien está dispuesto a observar los cambios que presenta la historia o bien puede ser un existencialista. El menú es amplio. 

En 2018, George Pattison, teólogo, sacerdote y profesor de divinidad en la Universidad de Glasgow, escribe junto a Kate Kirkpatrick, filósofa en religión y cultura, un libro titulado The Mystical Sources of Existentialist Thought, Abingdon: Routledge, 2018 (Las fuentes místicas del pensamiento existencialista). ¡Claro que me llamó la atención!

Como la mayoría de este tipo de material no está traducido, me gustaría presentar un breve resumen del libro. En está entrada presentare la introducción y el capítulo 1. Por lo regular, nuestras fuentes sobre la filosofía existencialista hacen referencia a Sartre o a Camus, teniendo dos pensamientos distintos sobre el mismo fenómeno. ¿Habrá lugar para otra corriente dentro del existencialismo? O dicho de otra manera, ¿Será posible que una fuente mística haya dado forma a lo que hoy conocemos como existencialismo?

En la introducción, los autores dejan claro que en el existencialismo no había lugar para las ideas: "Los existencialistas rechazaron ampliamente la opinión de que la relación humana con el mundo está adecuadamente representada en las ideas (o "esencia")". Sin embargo, por otra parte, también afirman que "las teorías modernas del misticismo lo ven (al existencialismo) como una experiencia directa y no mediada de la realidad." De está correlación, entre la negación del idealismo y la afirmación del misticismo, los autores distinguen cuales fueron las fuentes místicas que dieron forma al pensamiento de los principales escritores existencialistas. Ya sea a los que consideramos como ateos (Heidegger, Beauvoir, Sartre, Camus y Bataille), así como a los existencialistas religiosos (Kierkegaard, Buber, Marcel, Weil, Berdyaev, Tillich).

Si bien, tanto el existencialismo como el misticismo provocan cuestiones de definición, en la era moderna, ambos pueden ser vistos como intentos de repensar el legado de la filosofía que va de Descartes al Idealismo Alemán, con Kant y Hegel jugando un papel especialmente importante. Kirkpatrick afirma que "tanto el existencialismo como el misticismo tienen precedentes significativos en la historia de las ideas y de la religión, incluyendo la Biblia, Agustín y Pascal, pero es en el desarrollo moderno, post-Kantiano al que esta obra está enfocada principalmente".

Sin perder tiempo, los autores dedican el primer capítulo del libro a Soren Kierkegaard, el padre del existencialismo. El objetivo será encontrar en el pensamiento de Kierkegaard, cuáles fueron las influencias místicas que dieron forma a su existencialismo. 

No existe duda alguna que Hans Lassen Martensen fue una de las principales influencias para Kierkegaard. Martensen, dedicó un estudio teológico completo a la obra del místico alemán Meister Eckhart. De este hecho, podemos deducir que Kierkegaard estuvo familiarizado con las obras del canon místico medieval. Sin embargo, a pesar de la influencia de Martensen y del misticismo, en Lo Uno/ o lo Otro, Kierkegaard tiene una visión bastante crítica del misticismo, de hecho, lo describe como una evasión del mundo, aunque la crítica no viene propiamente de Kierkegaard sino de uno de sus personajes, "la asociación que Martensen hace de Eckhart con el idealismo especulativo pudo haber perjudicado la evaluación que Kierkegaard hizo en contra del misticismo".

Es necesario hacer notar que los escritos religiosos de Kierkegaard hacen uso exclusivo de iconos místicos. En tales escritos, Kierkegaard incluye imágenes asociadas con la aniquilación, las que lo convierten en nada, las que lo dejan desnudo y le permiten transfigurarse para ver a Dios. Un tema repetitivo en los escritos de Kierkegaard, es el papel que tiene el amor como vehículo para unirse a Dios. Del mismo modo, el perdón de los pecados es un tema repetitivo en el pensamiento del danés, un ejemplo puede ser el de la mujer pecadora de Lucas 7, la cual ofrece fuertes analogías con la escritura mística tradicional, así como el énfasis en el sufrimiento y la auto aniquilación. 

Si has leído algunas obras de Kierkegaard, el padre del existencialismo religioso podrás observar cuánta carga de misticismo hay en sus escritos.


 




domingo, 24 de enero de 2021

Michel Onfray: Orwell y la Teoría de la Dictadura



La pandemia causada por un nuevo virus, conocido como SARS-COV-II que azotó y sigue azotando a la humanidad - aunque en mi opinión más en términos políticos que en cuestiones médicas - nos enseñó dos cosas. Primero, la fragilidad de la existencia humana. Segundo, las dictaduras siempre estarán merodeando para hacer escarnio de la fragilidad de la existencia. 

Por esa razón, Michel Onfray, filosofo francés, conspirador anti idealista, y amante del materialismo libertario, nos propone repasar cuáles pueden ser algunas características principales de este momento post-totalitario. 

Onfray, pensando y analizando las dos obras de George Orwell: 1984 y Rebelión en la Granja, identifica siete características principales de un gobierno totalitario, el nombre que le da a estas características lo resume en su "Teoría de la Dictadura". Para Onfray, "destruir la libertad; empobrecer el lenguaje; abolir la verdad; suprimir la historia; negar la naturaleza; propagar el odio y aspirar al imperio", son signos del establecimiento de un gobierno totalitario. 

Para destruir la libertad debemos: proporcionar vigilancia perpetua; arruinar la vida personal; suprimir la soledad; alegrarnos de las celebraciones obligatorias; estandarizar la opinión; denunciar el crimen a través del pensamiento.

Para empobrecer el lenguaje es necesario: practicar un nuevo idioma; utilizar un doble lenguaje; destruir palabras; oralizar el lenguaje; hablar un solo idioma; suprimir los clásicos.

Para abolir la verdad hay que: enseñar la ideología; instrumentalizar la prensa; propagar las noticias falsas; producir lo real.

Para abolir la historia, debemos: borrar el pasado; reescribir la historia; inventar la memoria; destruir los libros; industrializar la literatura.

Para negar la naturaleza, debemos: destruir el impulso de la vida; organizar la frustración sexual; higienizar la vida; procrear médicamente.

Para propagar el odio es necesario: crear un enemigo, fomentar las guerras, psiquiatrizar el pensamiento crítico, acabar con el último hombre.

Para aspirar a un imperio, es necesario: entrenar a los niños; administrar la oposición; gobernar con las élites; esclavizar a través del progreso; ocultar el poder.

En resumen, estas son las directrices que están utilizando los gobiernos en turno para poder mantener dormidos a sus respectivas poblaciones. 

¿Quién dirá que no estamos allí?

Y, si es así: ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Con quién? ¿Dónde?

   

lunes, 18 de enero de 2021

Jean Paul Sartre, el Existencialismo Ateo y la Mística Cristiana.


T&tClark tiene una colección de libros conocida como "Philosophy and Theology". En ella varios académicos dibujan algunos bocetos de una importante variedad de filósofos que en apariencia no tienen nada que ver con la teología. 

Desde algún tiempo, he estado siguiendo las raíces místicas del pensamiento existencialista. Durante está búsqueda, han aparecido nombres que por su importancia para el pensamiento ateo es casi improbable que puedan tener en su haber algún tipo de relación con la mística. 

Jean Paul Sartre es uno de los filósofos existencialistas y ateos más importantes del siglo pasado y del presente siglo. Kate Kirkpatrick, filósofa especialista en feminismo y religión ha escrito para la colección "philosophy and theology", sobre la influencia de Sartre en la teología pero sobre todo cómo el filósofo francés fue influenciado por la teología.

Kirkpatrick, piensa que existen dos razones obvias para descartar a Sartre como candidato a un estudio teológico. Primero, por su ateísmo. Segundo, por las proclividades personales de Sartre, es decir, su poliamor, acoso, sus políticas cuestionables y más. Me parece que Kirkpatrick, con este libro también intenta refutar la hipótesis de 2009 del filósofo Jerome Gellman. Aunque deja abierto un camino para la relación de Sartre con la teología.

Jerome Gellman escribió en 2009 un artículo titulado: Jean Paul Sartre, el Místico Ateo. En el artículo Gellman  acusa a Sartre de atacar al misticismo cristiano de ser "un deseo delirante". A la vez, Gellman responde que "un místico cristiano podría responder al ataque de Sartre al afirmar que en efecto captó algo correcto sobre la condición humana pero no llega a entender del todo la condición humana". A partir de un análisis de las obras de Sartre y su relación con la condición humana, Gellman sostiene que "la verdadera base del ateísmo de Sartre no es ni filosófica ni existencialista, sino más bien mística."

Sartre tuvo una temprana intuición mística atea que más tarde se convirtió en experiencia mística atea.  Sartre experimentó la inexistencia de Dios.

Específicamente, a partir del Ser y la Nada, Palabras y una revisión de 1943 llamada La Nueva Mística, Kirkpatrick argumenta que no existe la suficiente evidencia biográfica ni filosófica para estar de acuerdo con la conclusión de Gellman: "Sartre fue un místico ateo". Para Kirkpatrick, la relación que tuvo Sartre con lo divino fue en un sentido teológico académico, pero nada más. La conexión más plausible entre Sartre y la teología, según Kirkpatrick, tiene que ver con la idea que Sartre tuvo del pecado. La "consistente posición atea" de Sartre, según Kirkpatrick, ofrece una fenomenología desde una relación alejada o fuera de la gracia." La herencia de Sartre para la teología tiene que ver con la fenomenología de la religión, la hamartiología y ontología relacional. 

Dios, si existiera, estaría, como lo han visto ciertos místicos, en una situación de relación con el hombre.

Este fue uno de los veredictos finales de Sartre. 

viernes, 15 de enero de 2021

Teología Radical: La Teología De La Muerte De Dios



"La muerte de Dios se convirtió por un instante, en el capítulo más corto pero también en el capítulo más incomprendido, de la historia de la teología del siglo XX."

Debemos decir por principio de cuentas, que la teología en general no tuvo una buena recepción dentro de la iglesia de habla hispana, mucho menos la teología liberal, y que decir de la teología de la muerte de Dios, prácticamente es desconocida entre la iglesia latinoamericana. Hoy en pleno siglo XXI, hablar de Dios y su muerte, nos sigue costando a muchos la etiqueta no sólo de herejes sino también de ateos; quienes decidimos alejarnos del escaparate confesional nos hemos convertido en aquellos leprosos que temían acercarse a Jesús por miedo a los fariseos. Nuestra carne enferma, si queremos emplear una metáfora, son las llagas agusanadas sinónimo de nuestra razón e incredulidad que no nos permite aceptar el dogma que la ortodoxia ha impuesto. 

Nuestros padres, quienes dieron vida al movimiento, Tomás Altizer y William Hamilton, analizaron al menos un par de razones sobre el por qué la teología de la muerte de Dios ha sido relegada al olvido. Por una parte, la propaganda que se le hizo al movimiento permitió que se convirtiera en una moda que pasaría rápidamente. Otros han caracterizado a nuestra teología como el último aliento de la teología liberal Protestante. Para Daniel J. Peterson, quien se ha dedicado a estudiar el tema con profundidad, el rechazo se encuentra en su nombre mismo. 

La muerte, en la teología de la muerte de Dios, no es un estado final sino una manera sobre cómo Dios abandonó una forma o modo de ser para darle paso a otro. 

John Caputo, teólogo de la deconstrucción, ha expresado que la mayoría de los teólogos de la muerte de Dios nunca han mirado la muerte de Dios como un destino final. A tal evento, también podríamos llamarlo: la muerte de la muerte de Dios. En resumen, Peterson piensa que: "la muerte de Dios fue el resultado de una campaña de desinformación, fue una mala elección de la palabra 'muerte' para describir lo que fue, para la mayoría de esos teólogos, fue una metamorfosis de Dios o al menos una modificación en la comprensión de Dios." Incluso, los teólogos que han seguido está corriente han empleado cierto tipo de lenguaje alternativo para describirla como una variante del pensamiento post-teísta (o después de Dios). 

Después de hacer está aclaración sobre el término acuñado para describir la muerte, o dicho de otra manera, la metamorfosis de Dios, podemos continuar preguntando: ¿Quiénes son los teólogos de la muerte de Dios y qué predican? ¿Qué los motivo a reconocer o incluso afirmar la muerte de Dios, qué quieren decir, y qué soluciones ofrecen con respecto a cómo deberíamos vivir o cómo deberíamos expresar nuestra fe en un mundo cada vez más secular?

Para contestar a estás y otras preguntas, Peterson divide la teología de la muerte de Dios en tres categorías: la kenótica, la humanista y la profética. 

El propósito de hacer está distinción es que todos aquellos que se acerquen a la teología de muerte de Dios, lo hagan superando la barrera de su nombre mismo y encuentren sentido a lo qué significó "la muerte de Dios" y lo qué podría significar ahora. 

En la próxima entrada empezaremos a estudiar la kenosis radical de nuestra teología. 





miércoles, 30 de diciembre de 2020

Nicolás Copérnico, La Ciencia Occidental y Las Culturas Antiguas


 

¿Qué tuvo qué hacer Copérnico para convertirse en el científico más importante de todos los tiempos?

Nicolás Copérnico, publicó en su lecho de muerte "Sobre las revoluciones de las Esferas Celestiales." El historiador de la ciencia Thomas Kuhn llamó al logro del astrónomo de origen polaco la "Revolución Copernicana". Dicho logro representó el rompimiento final con la Edad Media, un rompimiento de la religión con la ciencia, y del dogma con el secularismo ilustrado.

En la escuela aprendimos que en el siglo XVI, Copérnico reformó el sistema solar, colocando al sol, en lugar de la tierra, en su centro, corrigiendo el trabajo del astrónomo griego del siglo II Ptolomeo. Al construir su sistema heliocéntrico, Copérnico puso un muro de fuego entre Occidente y Oriente, entre una cultura científica y una cultura anclada en la magia y la superstición.

Copérnico hizo más que cambiar el centro del sistema solar de la tierra al sol. El cambio es importante en sí mismo, pero matemáticamente es trivial. Otras culturas lo habían sugerido. Doscientos años antes de Pitágoras, los filósofos del norte de la India habían entendido que la gravitación mantuvo unido el sistema solar, y que por lo tanto el sol, el objeto más grande, tenía que estar en su centro. El antiguo astrónomo griego Aristarco de Samos había puesto en marcha un sistema heliocéntrico en el siglo III a.C. Los mayas habían postulado un sistema solar heliocéntrico hacia el año 1000 d.C. La tarea de Copérnico era mayor. Tenía que reparar los defectos de las matemáticas del sistema Ptolemaico.

Ptolomeo tenía problemas más allá del hecho de que eligió el camino equivocado como punto de giro. En eso, se adhería a las creencias aristotélicas. Aún no se había descubierto una teoría viable de la gravitación universal. Así, obstaculizado, Ptolomeo intentó explicar matemáticamente lo que él vio desde su posición ventajosa en Alejandría: varios cuerpos celestes moviéndose alrededor de la tierra. Esto presentaba problemas.

Marte, por ejemplo, mientras viaja por nuestro cielo, tiene el hábito, como otros planetas, de a veces invertir su dirección. Lo que está sucediendo es simple: la Tierra supera a Marte mientras ambos planetas orbitan alrededor del Sol, como un automóvil pasando a otro. ¿Cómo se explica esto en un universo geocéntrico? Ptolomeo ideó el concepto de los epicíclos, los círculos en la parte superior de los círculos. Visualiza una noria (rueda de la fortuna) girando alrededor de un cubo. Los coches de pasajeros también pueden girar alrededor de ejes conectados al perímetro exterior de la rueda. Imagina los coches constantemente girando 360 grados mientras la noria también gira. Visto desde un punto en el coche parece moverse hacia atrás en ocasiones mientras que también se mueve hacia adelante con el movimiento de la rueda.

Ptolomeo estableció los planetas superiores en una serie de esferas, la más importante era la esfera "deferente", que llevaba el epicentro. Esta esfera no era concéntrica con el centro de la Tierra. Se movía a una velocidad uniforme, pero esa velocidad no fue medida alrededor de su propio centro, ni alrededor del centro de la tierra, sino alrededor de un punto que Ptolomeo llamó el "centro del ecualizador de movimiento", que más tarde se llamaría el "Equivalente". Este punto estaba a la misma distancia del centro del deferente como la distancia del centro del deferente de la tierra, pero en dirección opuesta. El resultado fue una esfera que se movía uniformemente alrededor de un eje que no pasaba por su propio centro, sino más bien, a través del ecuador.

La teoría es confusa. No hay un número de lecturas o construcciones que ayudé, porque el prototipo de Ptolomeo es físicamente imposible. A la falla se le conoce como el problema del ecuante, y aparentemente eludió a los griegos. El problema del ecuador no engañó a los árabes, y durante la Edad Media tardía los astrónomos islámicos crearon un número de teoremas que corregían Los defectos de Ptolomeo.

Copérnico se enfrentó al mismo problema del ecuante. El nacimiento de Isaac Newton estaba a un siglo de distancia, así que Copérnico, como Ptolomeo y los árabes antes que él, no tenían la gravedad para ayudarle a entender la situación. Por lo tanto, no cambió inmediatamente el sistema solar de geocentricidad a la heliocentricidad. En cambio, primero mejoró el Ptolemaico poniendo la vista de los cielos desde la Tierra en un sistema más sólido con base matemática. Sólo entonces Copérnico transportó todo el sistema desde su base centrada en la tierra hasta el sol. Esta fue una operación simple, requiriendo a Copérnico sólo para invertir la dirección del último vector que conecta la tierra con el sol. El resto de las matemáticas permanecieron igual. 

Se asumió que Copérnico fue capaz de armar este nuevo sistema planetario usando las matemáticas disponibles, que la Revolución Copernicana dependía de una nueva aplicación creativa de las obras clásicas griegas como Los Elementos de Euclides y el Almagro de Ptolomeo. Esta creencia comenzó a caerse a finales de los 50 cuando varios estudiosos, incluyendo a Otto Neugebauer, de la Universidad de Brown; Edward Kennedy, de la Universidad Americana de Beirut; Noel Swerdlow, de la Universidad de Chicago; y George Saliba, de la Universidad de Columbia, reexaminaron las matemáticas de Copérnico.

Descubrieron que para revolucionar la astronomía Copérnico necesitaba dos teoremas no desarrollados por los antiguos griegos. Neugebauer reflexionó sobre este problema: ¿Copérnico mismo construyó estos teoremas o los tomó prestados de alguna cultura no griega? Mientras tanto, Kennedy, trabajando en Beirut, descubrió documentos astronómicos escritos en árabe y fechados antes del año 1350. Los documentos contenían documentos desconocidos en geometría. Mientras visitaba los Estados Unidos, se los mostró a Neugebauer. 

Neugebauer reconoció inmediatamente el significado de los documentos. Contenían una geometría idéntica al modelo lunar del movimiento de Copérnico. El texto de Kennedy fue escrito por el astrónomo damasceno Ibn al-Shatir, que murió en 1375. Su obra contenía, entre otras cosas, un teorema empleado por Copérnico que fue originalmente ideado por otro astrónomo islámico, Nasir al-Din al-Tusi, que vivió unos 300 años antes de Copérnico.

La pareja Tusi, como se llama ahora el teorema, resuelve un problema de siglos de antigüedad que plagó a Ptolomeo y a otros antiguos astrónomos griegos: cómo el movimiento circular puede generar un movimiento lineal. Imaginen una gran esfera con una esfera de la mitad de su tamaño dentro de ella, la esfera más pequeña en contacto con la más grande en un solo punto. Si la esfera grande rota y la pequeña gira en la dirección opuesta al doble de esa velocidad, la pareja Tusi dicta que el punto original de tangencia oscilará hacia atrás y hacia adelante a lo largo del diámetro de la esfera mayor. Al establecer las esferas celestiales correctamente, este teorema explicaba cómo el epicentro podía moverse uniformemente alrededor del ecuador del deferente, y aún así oscilan hacia atrás y hacia el centro del deferente. Todo esto podría hacerse ahora posando esferas que se mueven uniformemente alrededor de ejes que pasaron por sus centros, evitando así los escollos de las configuraciones de Ptolomeo. Una analogía aproximada es un pistón de un motor de vapor, que se mueve hacia adelante y hacia atrás como una rueda que está girando.

Un segundo teorema que se encuentra en el sistema de Copérnico es el Urdi lemma, después de que el científico Mu'ayyad al-Din al-'Urdi, que lo propuso en algún momento antes de 1250. Simplemente dice que si dos líneas de igual longitud emergen de una línea recta en los mismos ángulos, ya sea interna o externamente, y están conectados arriba con otra línea recta, las dos líneas horizontales serán paralelas. Cuando los ángulos iguales son externos, las cuatro las líneas forman un paralelogramo. Copérnico no incluyó una prueba del Urdi lemma en su trabajo, probablemente porque la prueba ya había sido publicada por Mu'ayyad al-Din al-'Urdi. George Saliba de Columbia especula que Copérnico no le dio crédito porque los musulmanes no eran populares en la Europa del siglo XVI.

Tanto el lema Urdi como la pareja Tusi estan, en palabras de Saliba, "orgánicamente incrustados dentro de la astronomía [copernicana], tanto de modo que sería inconcebible extraerlos y aún así dejar el edificio matemático de la astronomía copernicana intacta". 

Saliba enfatiza que el plagio no es el problema aquí. Aquellos que han estado involucrados en un caso de plagio están probablemente familiarizados con la defensa estándar: ejecución independiente. Está es una defensa especialmente poderosa en las ciencias, en las que hay soluciones "correctas" e "incorrectas". Si el teorema de Copérnico se parece al de al-Tusi, quizás sea porque es la única respuesta correcta al problema.

Los editores de mapas a veces insertan islas ficticias u otras características en sus mapas para atrapar a los plagiarios. ¿Copérnico pidió prestado a al-Tusi el teorema sin darle crédito? No hay una prueba concluyente, pero es sospechoso que las matemáticas de Copérnico contienen detalles arbitrarios que son idénticos a los de de al-Tusi. Cualquier teorema geométrico tiene diversos puntos marcados con letras o números, a discreción del creador. El orden ylLa elección de los símbolos es arbitraria. El historiador científico alemán Willy Hartner observó que los puntos geométricos usados por Copérnico eran idénticos a la notación original de al-Tusi. Es decir, el punto etiquetado con el símbolo de alif de al-Tusi fue marcado con la A de Copérnico. El árabe ba fue marcado con una B, y así sucesivamente, cada etiqueta copernicana era el equivalente fonético del árabe. No sólo algunas de las etiquetas eran las mismas, casi todas eran idénticas.

Pero huboo una excepción. El punto que designa el centro del círculo más pequeño fue marcado como f por Copérnico. Era una z en el diagrama de Tusi. En la escritura árabe, sin embargo, una z a mano podría ser fácilmente confundida por una "f".

Johannes Kepler, que estiró las órbitas planetarias circulares de Copérnico en elipses más tarde en el siglo, se preguntó por qué Copérnico no había incluido una prueba para su segundo "nuevo" teorema, que era de hecho el Urdi lemma. La respuesta obvia ha eludido a la mayoría de los historiadores porque es demasiada comprometedora para nuestro orgullo occidental como para aceptarlo: las nuevas matemáticas en La Revolución Copernicana surgieron primero en las mentes islámicas, no en las europeas. Desde un punto de vista científico, no es importante si Copérnico era un plagiario. Las pruebas son circunstanciales, y ciertamente podría haber inventado los teoremas por su cuenta. No hay duda, sin embargo, dos astrónomos árabes lo hicieron primero. 

La ciencia occidental es nuestro mejor logro. ¿Alguna otra cultura, pasada o presente, presume de tener un edificio científico construido igualmente por Galileo, Newton, Leibniz, Lavoisier, Dalton, Faraday, Planck, Rutherford, Einstein, Heisenberg, Pauli, Watson y Crick? ¿Hay algo que en el pasado no  Occidental se compare con la actual biología molecular, la física de partículas, química, geología o tecnología? Hay poco debate. La única pregunta es de dónde vino esta ciencia. ¿Quién contribuyó a ella? El consenso es que la ciencia es casi totalmente de origen occidental. Por occidental nos referimos a la antigua y helenística Grecia, y a la Europa del Renacimiento hasta el presente. Grecia se considera tradicionalmente europea, en lugar de formar parte de la cultura mediterránea, lo cual incluye a sus vecinos de África. Para los propósitos de este libro, los países occidentales significan Europa, Grecia y la post-colombina América del Norte. No Occidental significa, en general, en todas partes, incluso en las Américas de los amerindios antes de Colón. No-occidental, por lo tanto, toma una considerable y predominante opinión de que la ciencia moderna le debe poco a  los pueblos de estas tierras.

La forma corta de la hipótesis es esta: la ciencia nació en la antigua Grecia alrededor del 600 a.C. y floreció durante unos pocos cientos de años, hasta que alrededor del año 146 A.C., los griegos dieron paso a los romanos. En esta época la ciencia se detuvo en seco, y permaneció inactiva hasta que resucitó durante el Renacimiento en Europa alrededor de 1500. Esto es conocido como el "milagro griego". La hipótesis asume que la gente que ocupo la India, Egipto, Mesopotamia, el África subsahariana y China, las Américas, y en otros lugares antes del año 600 a.C. no realizaban ninguna ciencia. Descubrieron el fuego, luego lo dejaron, esperando a los tailandeses de Mileto, Pitágoras, Demócrito y Aristóteles para inventar la ciencia en el Egeo.

Tan sorprendente como el milagro griego es la noción de que durante más de 1500 años, desde el final del período griego hasta la época de Copérnico, no se realizó ninguna ciencia. La misma gente que se quedó de brazos cruzados mientras que los griegos inventaron la ciencia supuestamente no demostraron interés o habilidad para continuar el trabajo de Arquímedes, Euclides o Apolonio.

La hipótesis de que la ciencia surgió ab ovo en suelo griego, y luego desapareció hasta que el Renacimiento parece ridícula cuando se escribe sucintamente. Es una teoría relativamente nueva, elaborada por primera vez en Alemania alrededor de 150 años atrás, y se ha incrustado sutilmente en nuestra conciencia educativa. La única concesión hecha a las culturas no europeas es el Islam. La historia dice que los árabes mantuvieron la cultura griega, y su ciencia, viva a través de la Edad Media. Actuaron como escribas, traductores y cuidadores, sin, aparentemente, pensar en crear su propia ciencia.

De hecho, los eruditos islámicos admiraban y preservaban las matemáticas y la ciencia griegas, y sirvió como el conducto para la ciencia de muchas culturas no occidentales, además de construir su propio e impresionante edificio. La ciencia Occidental es lo que es porque construyó con éxito sobre las mejores ideas, datos, e incluso equipos de otras culturas. Los babilonios, por ejemplo, desarrollaron el teorema de Pitágoras (la suma de los cuadrados de los dos lados perpendiculares de un triángulo rectángulo es igual al cuadrado de la hipotenusa) al menos mil quinientos años antes de que Pitágoras hubiera nacido. El matemático chino Liu Hui calculó un valor para pi (3.1416) en el año 200 d.C. que seguía siendo la estimación más precisa durante mil años. Nuestros números del 0 al 9 fueron inventados en la antigua India, siendo los números de Gwalior del año 500 d.C. casi indistinguibles de los modernos números occidentales. Álgebra es una palabra árabe, que significa "compulsión", como en obligar a la x desconocida a asumir un valor numérico. (Una traducción tradicional, que álgebra significa "ajuste de huesos", es colorida pero incorrecta.)

Los chinos estaban observando, informando y fechando eclipses entre el 1400 y 1200 A.C. Las Tablas de Venus de Ammizaduga registran las posiciones de Venus en el 1800 A.C. durante el reinado de los babilonios. Al-Mamum, un califa árabe, construyó un observatorio para que sus astrónomos pudieran comprobar la mayoría de los parámetros astronómicos griegos, lo que nos da valores más precisos de precesión, inclinación de la eclíptica, y similares. En el año 829 sus cuadrantes y sextantes eran más grandes que los construidos por Tycho Brahe en Europa durante más de siete siglos en adelante.

Veinticuatro siglos antes de Isaac Newton, el Rig-Veda hindú afirmaba que la gravitación mantenía unido el universo, aunque para los hindúes la hipótesis era mucho menos rigurosa que la de Newton. El sánscrito que hablaban los arios suscribió la idea de una tierra esférica en una época en la que los griegos creían en una plano. Los indios del siglo V d.C. de alguna manera calcularon la edad de la Tierra como 4.300 millones de años; los científicos en la Inglaterra del siglo XIX estaban convencidos de que eran 100 millones de años. (La estimación moderna es de 4.600 millones de años.) Los estudiosos chinos en el siglo IV d.C. como los árabes en el siglo XIII y los papúes de Nueva Guinea utilizaron más tarde fósiles de forma rutinaria para estudiar la historia del planeta; sin embargo, en la Universidad de Oxford en el siglo XVII algunos profesores continuaron enseñando que los fósiles eran "pistas falsas sembradas por el diablo" para engañar al hombre. El conjunto de análisis químicos cuantitativos en el K'ao kung chi, un texto chino del siglo XI a.C., es no más de un 5 por ciento de menor en comparación con las cifras modernas.

Los físicos mohistas (chinos) en el siglo III A.C. declararon, "El cese del movimiento se debe a la fuerza opuesta. . . . Si no hay fuerza opuesta... el movimiento nunca se detendrá. Esto es tan cierto como que un buey no es un caballo". Pasarían dos mil años antes de que Newton estableciera su primera ley del movimiento en términos más prosaicos. El Shu-Ching (alrededor del 2200 A.C.) declaró que la materia estaba compuesta por distintos elementos diecisiete siglos antes de que Empédocles hiciera la misma observación, y planteó la hipótesis de que los rayos solares estaban hechos de largas partículas antes de que Albert Einstein y Max Planck plantearan las ideas de los fotones y quanta. ¿Big bang? Los mitos de la creación de Egipto, India, Mesopotamia, China y América Central comienzan con una "gran copulación cósmica" - no es lo mismo que un "big bang", pero es más poético.

En cuanto a asuntos prácticos, Francis Bacon dijo que tres inventos...la pólvora, la brújula magnética,  el papel y la impresión - marcaron el comienzo del mundo moderno. Los tres inventos vinieron de China. Los Incas de los Andes fueron los primeros en vulcanizar el caucho, y descubrieron que la quinina era un antídoto para el paludismo que se propagaba entre ellos. Los chinos fabricaron antibióticos con la cuajada de soja - hace 250 años. 

Traducido de: Teresi Dick, Lost Discoveries, The Ancient Roots of Modern Science—from the Babylonians to the Maya, Simon & Schuster, 2002, pp. 1-8.





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