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martes, 9 de junio de 2026

El Duelo de los Sacros: Dioniso frente al Crucificado — Un Análisis Crítico de la Violencia y la Cultura

 


1. Introducción: El Conflicto de las Fundaciones

La arquitectura del pensamiento occidental, en su examen más descarnado, se sostiene sobre la tensión dialéctica entre dos figuras que Friedrich Nietzsche identificó como irreconciliables: Dioniso frente al Crucificado. Esta oposición, lejos de agotarse en una querella teológica o estética, constituye la base heurística para comprender los cimientos violentos sobre los que se erige la civilización. La disputa nos sitúa ante el choque entre la "moral trágica" nietzscheana —que abraza la violencia como principio vitalista— y la "teoría mimética" de René Girard, quien descifra en esa misma violencia el mecanismo sacrificial que la revelación judeocristiana ha venido a desmantelar.

La premisa de Girard es de una honestidad intelectual quirúrgica: suscribe el diagnóstico descriptivo de Nietzsche sobre el origen violento de lo sagrado, pero rechaza de raíz sus conclusiones prescriptivas. Mientras que para Nietzsche el fin del orden sacrificial representa una decadencia de la "fuerza", para Girard representa la única posibilidad de verdad antropológica.

Soberano ¿Y Qué? La comprensión de estos modelos no es un ejercicio de arqueología académica; redefine nuestra percepción contemporánea de la paz social. Nos obliga a cuestionar si nuestra actual estabilidad es una justicia auténtica hacia la víctima o simplemente una "paz" precaria basada en la invisibilización del sacrificio. En última instancia, nos interpele sobre si el orden institucional es una estructura de caridad o una mentira necesaria para contener nuestra propia tendencia a la aniquilación mutua.

2. La Moral Trágica: Dioniso y la Afirmación de la Crueldad

Para el Nietzsche de Ecce Homo y de los fragmentos póstumos recopilados en La voluntad de poder (específicamente la nota 1052), la "anti-moral" de la Antigüedad no era una fase superada, sino una salud perdida. Nietzsche desprecia las interpretaciones decimonónicas de autores como Winckelmann o Matthew Arnold, quienes proyectaban sobre Grecia un ideal de "dulzura y luz" (Sweetness and Light). Para un catedrático de la sospecha, esta visión es un anacronismo romántico. La Grecia real era el territorio del Agon (la lucha competitiva) y del "pesimismo de la fuerza".

La cultura dionisíaca se fundamentaba en una aceptación del exceso y la crueldad como motores de la vitalidad:

  • Santificación de la Manía: La furia homicida no era vista como patología, sino como una epifanía divina que, aunque dejaba ruinas a su paso, regeneraba el espíritu social.
  • El Ritual del Sparagmos: El despedazamiento de la víctima no era un crimen civil, sino un acto sagrado de desmembramiento que reflejaba el ciclo eterno de destrucción y renacimiento de Dioniso.
  • Desprecio por la Compasión: La piedad era considerada un síntoma de debilidad que protegía lo "fallido" a expensas de lo superior.
  • Justificación del Sufrimiento: El individuo es sacrificado en el altar de la especie; la vida es considerada "suficientemente santa" como para justificar una cantidad monstruosa de dolor.

Nietzsche veía en la eliminación de la violencia ritual una mutilación de la vitalidad humana. Sin embargo, Girard objeta que este orden no nace de una "salud" instintiva, sino de un motor psíquico inconsciente y peligroso: el deseo mimético.

3. El Motor del Conflicto: La Teoría Mimética de René Girard

Girard postula que el deseo humano no es una pulsión lineal o autónoma, sino un proceso de triangulación inconsciente. El sujeto no desea el objeto por sus cualidades intrínsecas, sino porque el objeto es deseado por un tercero, el modelo. Esta mimesis convierte al prójimo, simultáneamente, en un modelo a imitar y en un rival a batir.

Dimensión                    Visión Convencional / Freudiana                          Visión Gerardiana (Mimética)

Origen del Deseo         Impulso interno, biológico o instintivo (Líbido).   Triangulación externa y                                                                                                                                  relacional (Sujeto-Modelo-                                                                                                                            Objeto).

Naturaleza                   Deseo consciente y orientado a la satisfacción del yo. Proceso inconsciente y de                                                                                                                              "hiper-imitación" no lineal.

Conflicto                     Accidental, basado en la escasez física de recursos.    Inevitable; la convergencia                                                                                                                            de deseos genera rivalidad                                                                                                                            ontológica.

Identidad                    El individuo es una fuente autónoma de voluntad.       "El individualismo es una                                                                                                                              mentira formidable"; el yo                                                                                                                            es un subproducto del otro.

Esta mimesis conduce inevitablemente a una crisis de indiferenciación, la Bella omnium contra omnus (Guerra de todos contra todos). Cuando la sociedad se encamina hacia su autodestrucción por la convergencia de apetitos sobre los mismos objetos, el sistema busca un mecanismo de emergencia: el chivo expiatorio.

4. El Mecanismo del Chivo Expiatorio y la Fundación de la Cultura

El sacrificio colectivo funciona como un "reinicio psicológico". En medio del caos mimético, la violencia de todos contra todos se polariza repentinamente en la violencia de todos contra uno. Este proceso de victimización colectiva posee una eficacia asombrosa basada en la mentira:

Indiferencia ante la Inocencia: Al grupo no le interesa la verdad jurídica de la víctima. Lo que importa es la creencia unánime en su culpabilidad para que la descarga de violencia sea catártica.

La Deificación Posterior: Paradójicamente, la víctima es deificada tras su muerte. Al detenerse la violencia grupal justo después del linchamiento, la comunidad atribuye la paz a la víctima misma. El chivo expiatorio pasa de ser el "causante del mal" a ser el "dios salvador" que trajo el orden.

Fundación de lo Sagrado: Así, la religión arcaica no es la causa de la violencia, sino su solución técnica: es el método para gestionar la violencia interna del grupo mediante su externalización hacia una víctima sacrificial.

Para Girard y Nietzsche, la violencia es el arquitecto indispensable de la cultura pagana. La diferencia radica en que Nietzsche celebra esta estructura dionisíaca de mentira necesaria, mientras que Girard identifica en el Crucificado la fuerza que viene a rasgar ese velo.

5. El Crucificado: La Revelación de la Inocencia y la Herida de la Venganza

La ruptura definitiva del ciclo sacrificial ocurre con la figura del Crucificado. Girard sostiene que el cristianismo no es una religión de sacrificio, sino una revelación antropológica. Mientras que en los mitos dionisíacos el dios es a menudo el instigador del linchamiento, Jesús es radicalmente inocente y se sitúa como la víctima definitiva que desvela la culpabilidad de la multitud.

Esta divergencia se ejemplifica en la comparación entre Rómulo y Caín. En la mitología romana, Rómulo asesina a su hermano Remo y es glorificado como el fundador divino de la ciudad; el asesinato es un acto necesario y fundacional. En el relato bíblico, Caín asesina a Abel y es inmediatamente condenado por Dios; la sangre de la víctima clama desde la tierra. El judeocristianismo, por primera vez, toma partido sistemáticamente por la víctima.

El cristianismo introduce la figura del Paráclito (del griego parakletos: abogado defensor o consejero), que se opone frontalmente a Satán (el Acusador, el espíritu del linchamiento). Al revelar que el mecanismo del chivo expiatorio se basa en un asesinato injusto, la Cruz "hiere" la eficacia del sacrificio:

Invalida el "reinicio psicológico": Ya no podemos linchar con la conciencia tranquila.

Transforma la venganza en resentimiento: Al estar bloqueada la vía de la violencia ritual abierta, el impulso violento se interioriza y se vuelve venenoso.

Soberano ¿Y Qué? Este cambio de la figura del "acusador" a la del "defensor" es la piedra angular de la justicia moderna. Sin esta herida infligida a la lógica del linchamiento, nuestra civilización carecería de la sensibilidad ética para reconocer los derechos del individuo frente a la masa.

6. Resentimiento vs. Redención: El Error Diagnóstico de Nietzsche

Nietzsche atacó al cristianismo por ser el progenitor del ressentiment (resentimiento), una "moral de esclavos" que envenena la psique al impedir la descarga de la fuerza. Sin embargo, Girard plantea que Nietzsche cometió un error diagnóstico fundamental: el resentimiento no es el origen del cristianismo, sino su consecuencia no deseada en una humanidad que se niega a abandonar la venganza pero ya no puede ejercerla de forma sagrada.

Aquí, Girard encuentra un aliado inesperado en Sigmund Freud. En Tótem y Tabú, Freud coincide con Nietzsche (específicamente con el pasaje del "Hombre Loco" en La gaya ciencia, aforismo 125) al situar un "asesinato colectivo" en el origen de la ley y la religión. Pero mientras los ateos del mercado en el relato de Nietzsche ríen porque no son conscientes del crimen, el "Catedrático de la sospecha" sabe que la "Muerte de Dios" es en realidad el reconocimiento de un asesinato del que todos somos cómplices.

Girard critica la frivolidad de Nietzsche. El filósofo alemán abogaba por una moral dionisíaca de la crueldad desde la seguridad de un siglo XIX protegido por los valores cristianos de orden y no violencia. Es la crítica del hombre que vivió la ocupación nazi en 1940: la moral de los "señores" no es una salud antigua, sino una regresión bárbara que solo puede desearse cuando se ha olvidado lo que significa ser la víctima del sparagmos.

7. Conclusión: La Elección entre Dos Abismos

El duelo entre Nietzsche y Girard sitúa al hombre moderno ante una elección definitiva. No existe una tercera vía neutral: o se asume la violencia fundacional como una necesidad trágica (Dioniso), o se asume la responsabilidad ética por la víctima inocente (el Crucificado).

La trayectoria es clara: la mimesis genera la crisis, el sacrificio antiguo ofrecía una tregua basada en la mentira, y la Cruz marca el fin de la eficacia de esa mentira al revelar la inocencia de la víctima. Jesús no trajo una paz cómoda, sino la "espada" que destruye la cultura basada en el linchamiento para intentar instaurar lo que Pascal llamaba el "Orden de la Caridad".

Al final de su lucidez, Nietzsche firmaba sus cartas alternando entre "Dioniso" y "el Crucificado". Poseído por ambos, comprendía que la cultura ya no puede sostenerse sobre la sangre de los inocentes sin ser consciente de su propio crimen. En este sentido, la obra de Girard no solo critica a Nietzsche, sino que lo completa, demostrando que la única alternativa a la autodestrucción mimética de la especie es la asunción de esa verdad que el filósofo alemán, en su angustia, intentó sepultar bajo el martillo.

jueves, 21 de abril de 2022

Jean Soler: el hombre que declaró la guerra a los monoteísmos.

 


Michel Onfray

Francia tiene una escuela de exégesis bíblica de cuatro siglos: va desde Richard Simon, su inventor, contemporáneo de Bossuet, pasando por el cura Meslier, el barón d'Holbach, el anarquista Proudhon, el laico Charles Guignebert, Paul -Louis Couchoud o Prosper Alfaric- que niega la existencia histórica de Jesús - hasta Jean Soler, un erudito casi octogenario al que nuestra época le ha dado la espalda escandalosamente. Tampoco falta una escuela notable de análisis de los llamados textos sagrados considerados como textos históricos, que ciertamente lo son. El silencio que acompaña a esta línea de acción científica encuentra su explicación en el hecho de estar en un mundo que está impregnado de judeocristianismo.

¿Quién es Jean Soler? Un erudito diplomático, un hombre que se ha pasado la vida leyendo, traduciendo, analizando y tamizando los textos fundacionales del monoteísmo en sus lenguas originales. Diplomático, estuvo ocho años en Israel como asesor cultural y científico en la Embajada de Francia. También ha trabajado en Argelia, Polonia, Irán y Bélgica. Desde 1993, este defensor de las lenguas regionales vive en un pequeño pueblo catalán y trabaja en una pequeña oficina-biblioteca tan luminosa como la celda de un monje, entre mar y montaña, entre Francia y España.

El hombre no se pierde, va a lo esencial. Su densa obra concentra el resultado de años de trabajo solitario e investigaciones realizadas lejos del ruido y la furia. Por eso, el fruto de sus estudios se encuentra en Aux origines du Dieu unique, un ensayo en tres volúmenes: L'invention du monothéisme (2002), La loi de Moïse (2003), Vie et mort dans la Bible (2004). En 2009 añade una obra titulada La violence monothéiste.

Un Bombardero

Este licenciado en literatura clásica deconstruye mitos y leyendas judías, cristianas y musulmanas con la paciencia de un relojero y la eficacia de un bombardero de montaña. Sobresale en la paciencia del concepto, aporta las pruebas, remite con precisión a los textos, analiza minuciosamente las cosas. Jean Soler tiene todas las cualidades de un investigador universitario, en el sentido noble del término; por eso la universidad, que carece de tales talentos, no los reconoce.

Esta paciencia del relojero, que no convence a la universidad, se asocia por tanto a la eficacia del bombardero, que podría gustar a los periodistas. Sin embargo, si a la universidad no le gusta el uso que hace de los cartuchos de dinamita, los periodistas, por su parte, probablemente no aprecien su meticulosidad conceptual. Por eso este hombre está solo y su pensamiento revolucionario sigue sin ser reconocido.

Es cierto que tiene de su lado la garantía de un cierto número de estrellas intelectuales del siglo XX: Claude Lévi-Strauss, Jean-Pierre Vernant, Marcel Detienne, Maurice Godelier, Ilyas Prigogine, pero también Edgar Morin, Claude Simon, René Schérer, Paul Veyne hablo sobre todo lo bueno que piensan sobre su trabajo. Pero no hay manera, el nombre de Jean Soler no surge del círculo cerrado de un puñado de aficionados, aunque sus libros, todos publicados por Editions de Fallois, se venden bien.

Jean Soler acaba de tener la buena idea de publicar ¿Quién es Dios? El resultado es un breve texto, que resume toda su obra, una especie de quintaesencia, un pequeño libro vivo, rápido, denso, que propone un fuego artificial con cuanta dinamita ha quedado sin usar... el enemigo ha quedado corto, el propósito inquieta a los cómplices de las tres religiones monoteístas.

Seis ideas recibidas

Jean Soler desmonta seis ideas recibidas.

Primera idea: la Biblia es más antigua que los antiguos textos fundacionales. Falso: los filósofos no se inspiran en absoluto en el Antiguo Testamento, porque “la Biblia es contemporánea, en esencia, a la enseñanza de Sócrates y a las obras de Platón. Remodelada y terminada posteriormente, es también, en gran parte, obra del período helenístico”.

Segunda idea: la Biblia dio a conocer a la humanidad al único dios. Falso: este libro enseña el politeísmo y el dios judío es uno entre otros dioses del panteón, un dios nacional que anuncia que será fiel a su pueblo sólo si su pueblo le es fiel a él. La religión judía no es monoteísta, sino monólatra: enseña la preferencia de un dios entre otros dioses. El monoteísmo judío es una construcción que data del siglo V antes de la era común.

Tercera idea: la Biblia ofrece el primer ejemplo de una moralidad universal. Falso: sus preceptos no atañen a lo universal y a la humanidad, sino a la tribu, a lo local, cuya existencia, duración y cohesión deben ser aseguradas. El amor al prójimo concierne sólo al igual, al judío, para otros incluso se sugiere la pena de muerte.

Cuarta idea: los profetas promovieron la forma espiritualizada del culto judío. Falso: para los hombres de la Biblia no hay vida después de la muerte. La idea de la resurrección fue tomada de los persas e hizo su aparición en el siglo II a.C. El de la inmortalidad del alma, ausente en la Biblia hebrea, es tomado de los griegos.

Quinta idea: el Cantar de los Cantares celebra el amor mutuo de Dios y el pueblo judío. Falso: este texto es sólo un poema de amor. Si hubiera querido ser alegórico sería el único libro cifrado de la Biblia.

Sexta idea: Dios encomendó a los judíos una misión al servicio de la humanidad. Falso: Dios celebró la pureza de este pueblo y prohibió las mezclas, de ahí las prohibiciones de alimentos, las leyes y normas, la prohibición de las mezclas de sangre, por lo tanto los matrimonios mixtos. Este dios quería la segregación, prohibía la posibilidad de conversión, la idea de un tratado con naciones extranjeras y apunta sólo a la constitución de una identidad de pueblo. Este dios es un dios étnico, nacional, identitario.

El único dios: un guerrero

Fortalecido por este primer alejamiento radical, Jean Soler propone la arqueología del monoteísmo. Originalmente, los judíos creían en dioses que nacen, viven y mueren. Sus deidades son diversas y múltiples. Yahweh incluso tiene una esposa, Asera, reina del cielo, a quien se ofrecen sacrificios: libaciones, dulces, incienso, para formular esta idea en forma de choque Jean Soler escribe: «Moisés no creía en Dios». Incluso el propio Moisés, aunque escriba la Torá, no sabía escribir: los judíos comenzaron a escribir en su idioma solo a partir del siglo IX al VIII. Si Yahvé hubiera escrito los Diez Mandamientos con su propia mano, el texto no podría haber sido descifrado durante varios siglos.

El dios único surge desde el momento en que es necesario explicar el hecho de que este dios nacional ya no protege a su pueblo. Hubo un tiempo bendito, el de la salida de Egipto, la conquista de Canaán, el establecimiento de un reino; pero también hubo un tiempo maldito: el de la secesión en el momento de la creación de Samaria, un estado independiente, el de su anexión por los asirios, a finales del siglo VIII, y el de la deportación del pueblo, el de la destrucción de Jerusalén por el rey babilónico Nabucodonosor, a principios del siglo VI.

El monoteísmo se impuso en la segunda mitad del siglo IV. El dios de los persas, que les es favorable, se convierte en el dios de los judíos, que también desean obtener sus favores. Este mismo dios favorece a unas u otras personas según sus méritos. Dejamos de llamarlo Jehová para llamarlo Dios o Señor. Los judíos luego reescriben el primer capítulo de Génesis.

Amenazado con desaparecer físicamente, el pueblo judío busca su salvación por escrito. Inventó a Moisés, un escriba profeta que transmite la palabra de Yahvé. Se da una existencia literaria y se refugia en los libros, cuyo contenido es cerrado por los rabinos hacia el año 100 de nuestra era. Los judíos se convierten entonces en el pueblo del libro y del único dios.

El dios único se vuelve vengador, celoso, guerrero, beligerante, cruel, misógino. Jean Soler asocia el politeísmo con la tolerancia y el monoteísmo con la violencia: cuando hay multiplicidad de dioses, la cohabitación permite añadir otro dios, procedente del exterior; cuando hay un solo dios, este dios es el verdadero, el único, los demás son falsos. A partir de ese momento, en nombre del único dios, se debe luchar contra los demás dioses, porque según el monoteísmo "todos los dioses son inexistentes, excepto uno".

Invención del genocidio

"No matarás" es un mandamiento tribal, se refiere al pueblo judío y no a la humanidad en su conjunto. La prueba es que Yahvé manda matar: leemos en Éxodo 32, 26-28, que tres mil personas mueren por orden suya. En Contra Apione el historiador judío Flavio Josefo en el primer siglo de nuestra era hace una larga lista de las razones que justifican la pena de muerte: adulterio, robo, homosexualidad, zoofilia, rebelión contra los padres, mentir sobre la virginidad, trabajo durante el día del Shabat, etc.

Jean Soler aborda el tema del exterminio de los cananeos por parte de los judíos y habla al respecto de una “política de depuración étnica hacia las naciones de Canaán”. Luego observa que el Libro de Josué afirma que una treintena de ciudades han sido destruidas, lo que le permite afirmar que los judíos inventaron el genocidio -"el primero en la literatura mundial"... Jean Soler continúa escribiendo que este acto genealógico "revela la propensión de los judíos hacia lo que hoy llamamos extremismo».

Siempre cuidadoso de contrastar Atenas con Jerusalén, Jean Soler señala que Grecia, con ciento treinta ciudades fuertes, nunca ha visto a una de ellas querer exterminar a las demás.


Continuando en el tiempo, Jean Soler, se puede ver, abre expedientes sensibles. La lectura de los llamados textos sagrados en realidad tiene que ver con la política. Por lo tanto, cuestiona la posteridad del modelo judío en la historia.

Plantea algunas hipótesis que no dejarán de escandalizar.

El judaísmo, escribe, ha estado en crisis cinco veces en mil años. Es alrededor del año 0 de nuestra era, de ahí su expectativa de un mesías capaz de salvarlo y devolverle su esplendor. Y pretendientes no faltan; Jesús es uno de ellos. Este judío sectario renuncia al nacionalismo de su tribu en favor del universalismo. Desde entonces ha habido un solo dios y él es el dios de todos. Por lo tanto, ya no hay necesidad de las interdicciones que cimentaron la comunidad tribal llamada a reinar sobre el mundo una vez regenerada.

Si Jesús separó los asuntos religiosos de los del Estado, si rechazó el uso de la violencia y predicó un pacifismo radical, no fue así en el caso del emperador Constantino, quien, en su nombre, asocia religión y política en su proyecto imperial teocrático. Bajo su reinado se legitiman la violencia, la guerra, la persecución, de ahí las cruzadas, la inquisición, el colonialismo del Nuevo Mundo. Durante este tiempo los judíos desaparecieron de Palestina y constituyen una diáspora planetaria. El Islam inicia una conquista ininterrumpida y la primera cruzada, concretamos, es fomentada por los musulmanes contra los cristianos. El esquema judeocristiano también se impone a quienes dicen estar libres de esta religión. Jean Soler también piensa en el comunismo y el nazismo en la perspectiva esquemática de este modelo de pensamiento. Así, en Marx, el proletariado desempeña el papel de pueblo elegido, el mundo se ve allí en términos de la oposición entre el bien y el mal, amigos y enemigos, el apocalipsis (guerra civil) anuncia el milenarismo (sociedad sin clases).

Una obra que molesta

Lo mismo ocurre con Hitler, sobre quien Jean Soler demuestra que nunca fue ateo, pero que, siendo católico por educación, nunca perdió la fe. Para Jean Soler “El nazismo según Mein Kampf (1924) es el modelo judío al que no le falta Dios”. Hitler es el líder de su pueblo, como Moisés; el pueblo elegido no es el pueblo judío, sino el pueblo alemán; todo está bien para asegurar la supremacía de esta elección: la pureza asegura la excelencia del pueblo elegido y por lo tanto debe prohibirse la mezcla de sangre.

Para el autor de ¿Quién es Dios? El nazismo destruye la posición competidora más peligrosa. Jean Soler cita a Hitler, quien escribe: “Creo que el espíritu del Todopoderoso, nuestro creador, actúa en el siglo; de hecho, defendiéndome del judío, lucho por defender la obra del Señor”. Los soldados del Reich alemán no por casualidad llevaban un cinturón en el que se podía leer "Dios con nosotros"...

Puedes ver: Jean Soler prefiere la verdad que inquieta a la ilusión que tranquiliza. Su obra molesta a judíos, cristianos, comunistas, musulmanes. Agreguemos: estudiantes universitarios, periodistas, por no hablar de los neonazis. ¡Lo cual, pongámonos de acuerdo, constituye un formidable batallón! ¿Debería sorprendernos, por tanto, que no tenga el público que merece su obra?




* Michel Onfray, Jean Soler: l'homme qui a déclaré la guerre aux monthéismes, en "Le Point", 7 de junio de 2012. Traducido y publicado con autorización del autor.


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